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Cuando los parques se quedan cortos y el interés por las plantas y flores va prendiendo en los niños, lo recomendable es dar un paso más y llevarles a un jardín botánico. El situado junto al Museo del Prado es de visita obligada, al tratarse de uno de los más importantes y mejor cuidados de todo el país.
Su hermano pequeño -y gran desconocido- está situado en plena Ciudad Universitaria. El ambiente de las rosaledas es algo distinto, menos didáctico y más estético, aunque tienen ese encanto de cuento de princesas que tan tiernos nos pone.
Invernaderos o, dicho de otro modo, jardines botánicos de interior. Es una excelente solución para guarecerse los días de frío, cuando el húmedo y cálido ambiente de su interior contrasta con las bajas temperaturas.
La Estufa Fría desarrolla otro concepto más cercano a la reserva botánica, al proteger la flora y fauna expuesta de cualquier cambio atmosférico. La ocasional presencia de pequeños estanques con peces termina por redondear una opción de ocio que casi nunca falla: anima a los niños al paseo y les ofrece un vistoso y entretenido recorrido que pueden hacer a su ritmo.
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